Del otro lado del cristal: Reflexión sobre el cáncer de mama.

CÁNCER DE MAMA

Nunca había estado cerca del cáncer, aquel personaje histórico que se oye pero difícilmente se percibe a simple vista.

Soy nieta de dos episodios de cáncer hepático pero el destino me impidió vivirlo, no sé si por suerte o por desgracia pero esa sombra me ha seguido a lo largo de mi vida, incluso cuando sucedieron tiempo antes de que yo existiera.

Siempre he oído hablar del cáncer, mi hermano es médico, ginecólogo, y he pasado por una infinita insistencia y conciencia en la medicina preventiva más allá de la curativa.

He escuchado casos difíciles, tristes e incomprensibles. He sabido de amigos y gente cercana que luchan cada día contra esta enfermedad pero de este lado del cristal todo seguía un poco borroso.

Sin embargo, hace unos meses tuve una gran experiencia de vida, una chica cercana a mí fue diagnosticada con cáncer de mama. Después de un período de lactancia comenzó con ciertos trastornos que hicieron saltar la alerta. Pasó ya por la inevitable quimioterapia con casi todos sus efectos secundarios, claro está. Y a pesar de que el resultado ha sido positivo ha iniciado un tratamiento menos invasivo pero que igualmente exige mucha paciencia y constancia.

Esto quizá lo hemos escuchado todos, pero yo nunca lo había vivido tan cerca. Conozco a sus hijos desde pequeños y la conozco antes y durante la enfermedad y si algo puedo decir al respecto es que se merece mi enorme admiración porque no hay un solo día que no haya visto una sonrisa en ella y el cansancio no ha podido llevarse la esencia de lo que siempre ha sido.

La lucha contra el cáncer de mama sin duda es indescriptible, yo por el momento he visto la cara de sorpresa de la gente cuando las chicas se presentan en turbantes, sombreros y demás accesorios para matizar el impacto, y sigo creyendo que todos somos muy ignorantes y nos preocupamos por cosas que a veces no merecen la pena.

Y honestamente pienso que si nos preocupáramos un poco más por lo que somos y no por lo que llevamos puesto podríamos conocernos mejor y darnos cuenta cuando algo va mal en nosotros mismos.

Porque creo que si no lo hacemos llegará un momento que tras compararnos con la gente por las marcas de ropa que usamos, lo hagamos por los laboratorios médicos que consumimos.

Todos los medios de comunicación nos bombardean con miles de historias, miles de campañas preventivas y cuando nos tocan la fibra logran que hagamos clic a “compartir” o “me gusta”, ¿pero en verdad, en verdad lo compartimos, en verdad somos lo suficientemente sensibles para compartir y comprender lo que leemos?

¿De verdad al terminar de leer, de ver videos, intentamos hacer algo para encontrar una solución, para prevenir? Desde mi experiencia pienso que no, porque yo al igual que muchos más, he visto tragedias, las he llorado y me he quedado en casa egoístamente deseando que no me pasen a mí; intentando pensar qué hacer para ayudar mientras me quedo dormida sin descifrarlo.

Octubre es el mes de la concientización del cáncer de mama y por eso he pensado en esta historia, porque no tengo duda que hay millones de chicas pasando por estos capítulos, mientras que yo lo único que puedo hacer por ellas es admirarlas por todo el coraje, el valor y la dedicación a sus familias y a ellas mismas para que su historia tenga un final feliz.

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