Me acusan de ser una yuccie

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Lo primero que hago cuando él me lo dice es morirme de risa y comenzar la búsqueda en internet. Hace unos minutos me compartió una noticia que decía algo semejante a: Muerte a los Hipsters, lo de hoy son los Yuccies. Y me pongo a leer y leer los varios artículos que encuentro en la red.

Soy fanática de las tribus urbanas, de la forma en que se autodenominan. Admiro primero que nada la forma en que luchan contra las etiquetas y el consumismo, y luego, la forma en que quedan flotando en su propia marea cuando se convierten en moda.

Y me quedo pensando, si ya fui ‘gótica’ ( a mí estilo claro), ya pasé por las camisas de leñador con jeans gigantes (en los 90), ya le entré al flower power  ¿Cómo no iba a experimentar siendo una hipster? Debo aceptar que los bolsitos de tela con mensajes divertidos (tote bags) son súper prácticos, no pesan nada, les cabe de todo y se lavan de volada.

Las gafas gigantes de pasta me encantan, siempre lo han hecho, tuve una gran maestra de ojos de gato que me enseñó a portarlas muy bien. Son un accesorio imprescindible (un must en mi look, jajaja). Es verdad! desde pequeña siempre quise llevar gafas y cuando por fin a los 14 años me dijeron que las necesitaba para leer, fui muy muy feliz por dos cosas: me posicionaba como lectora asidua y dos, por fin iba a tener el estilo que siempre había perseguido.

En fin, leyendo por aquí y por allá descubro que los Hipsters están en decadencia ¡Y mi corazón grita, What! y empiezo a revisar mis camisas de dibujitos con cuellos cerrados, mis pantalones pitillo, mis faltforms, mis ugly shoes y mis bolsitos de lona; y descubro a los Yuccies, que son prácticamente lo mismo pero, desde mi punto de vista, mejorados.

Pues sí, me identifico más en esta hermosa etiqueta, jóvenes de 35 años que se definen por su creatividad, por sus profesiones y estilos de vida laboral más libre, los community managers, los bloggers y redactores del día a día. Aquellos que se ganan la vida con ideas propias, gente emprendedora que huye de las 8 horas sentados en una silla de un despacho (a medida de lo posible), que buscan la innovación y reconocimiento por las ideas que llevan años germinando mentalmente, me da un vuelco en la panza y quisiera gritar ¡Sí, sí, sí soy una Yuccie! y regreso a mi tablet y comienzo a definir los planes de negocio que quisiera ejecutar, a ponerle pies, cuerpo y cara a los proyectos individuales que quiero arrancar este año.

También es cierto que he intentando huir de las etiquetas, pero nunca lo he logrado. La sociedad ya nos da la bienvenida desde el día 0. Eres rosa, madre, hija, esposa, amiga, ama y señora…(en mi caso como chica). Y recuerdo que hace mil años mi peluquero se sorprendía con mis ideas revolucionarias y mis estilos revueltos. Y me acuerdo perfectamente del día que saltó la primera etiqueta y me dijo: eres una chica muy trendy, y me quede pensando, ¡Anda, está sí que me gusta! y me he quedado con ella desde que tengo 20 años. Cierto, cierto, quizá no sea la persona más moderna que hayan conocido en sus vidas, pero la idea global me gusta, siempre perseguir el mañana, las tendencia, siempre buscar la originalidad.

Y ahora estoy aquí, convertida en una blogger de moda gracias a Whimed Trends, siendo una blogger comprometida con la salud gracias a Salud para la Mujer, siendo community manager, redactora de artículos, contadora de historias y escritora de bolsillo, aunque mi bolsillo ahora esté más alejado de los cuentos infantiles, la poesía y la ficción.

Y más allá de lo gótico, lo hippie, lo hipster, lo muppie, lo yuccie, sigo siendo YO; la de siempre, la inquieta e inquietante, la intensa, emocional, loca, criticona, rebelde, creativa, protectora, amante de los perros y enamorada del amor.

Así que sólo me queda decir gracias a aquel que me acusa de todo lo que soy y se sigue sorprendiendo, gracias a mi compañero de vida.

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