Es difícil ser un superhéroe

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Menos mal que no soy uno. Ayer estaba leyendo por ahí un artículo acerca de las 9 circunstancias que una mujer emocionalmente fría reconoce, y me quedé pensando ¡Qué bonita es la sensiblería! cuando la observas de lejos.

Efectivamente me reconocí en algunas de esas circunstancias, no me caracterizo por ser especialmente cariñosa, me gusta cuidar de mi gente pero es cierto que estoy en contra del sobre-dramatismo. Vale, algunos años de mi vida viví al más puro estilo drama queen pero con los años he aprendido que es bastante desgastante, más para todos aquellos que escuchan tu drama en una especie de bucle infinito.

Quizá deba comenzar por pedir disculpas a todos aquellos que se fumaron mis conversaciones sin fin y dar gracias por aquellos que a pesar de tantos años siguen ahí al pie del cañón. Seguramente estarán agradecidos con mis psicólogos por ayudarme con mis issues emocionales, ¿no? ¡Malditos, ya están sonriendo!

Bueno, bueno, que ser una persona fría tiene sus ventajas y sus desventajas. Primero, es mejor ser el hombro en el cual llorar que quien moja el hombro ajeno. Segundo, es mejor tirar la carreta a que la carreta tire de ti. Tercero, es mejor decir te quiero cuando realmente es necesario que estar regalando te quieros hasta al vecino.

Pero definitivamente es un poco complicado hablar de tus cosas y tus conflictos cuando los otros están metidos hasta el tuétano es sus propias historias. No voy a ir lejos algunas personajes de mi historia están habituados a escuchar de mí palabras de motivación, ¡Ojo! No de consuelo, para consolar soy un desastre. Y algunos días que me levanto de la cama con el pie izquierdo pensando que la vida es miserable y que no comprendo qué he hecho para merecerme eso (drama queen total) cojo el teléfono y llamo (sí, aún llamo por teléfono) y lo primero que digo es algo así como: Hola, cómo estás y del otro lado de la línea escucho un suspiro profundo y un ‘Ay, aquí…’ y entonces la imagen retrocede en cámara ultra rápida hasta el momento que decidí coger el teléfono y hacer ESA llamada; y pienso, ya vamos aquí otra vez… regularmente la conversación dura 40 minutos o más, escucho lo mala que es la vida, lo agotador que es calor, lo cansado que es el frío, lo cruel que es la gente, lo odiosos que son los ex novios (ex novias), y sin darme cuenta estoy como al principio. Cuelgo el teléfono con algún pretexto rápido y me quedo congelada pensando, bueno no estoy tan jodida, ya se lo contaré después.

Y así se van los días, y los meses, y los años, y me doy cuenta que prefiero ser superhéroe a ser drama queen. Ser superhéroe conlleva una gran responsabilidad ¿no lo dijo el tío de Spiderman? Pues sí, la responsabilidad más grande no es salvar al mundo, es ayudar a tus amigos y  a la gente que quieres a que no se lancen del puente cuando las cosas van mal, hacerlos abrir los ojos, quitarles la nube negra de la cabeza e intentar que encuentren fuerzas cuando parece que ya no las tienen. Sí, sí compartir los súper poderes, esa es la misión.

Es por eso que una mujer emocionalmente fría se reconoce en estas circunstancias, porque la mayor parte del tiempo somos capaces de escuchar aunque tus problemas pasen a segundo término. Somos capaces de decir te quiero desde el fondo del corazón. Somos capaces de decir ‘lo siento’ con verdadero significado, aunque preferimos no cagarla para no tener que decirlo. Sabemos que las bromas en momento difíciles a veces ayudan más que el típico discurso: pobrecito, nadie te comprende.  Es cierto, no nos gustan mucho las muestras de afecto, los besos en la calle y esas cosas, pero nos encanta reencontrarnos con nuestros amigos después de muchos meses y darles un abrazo que les dure en el cuerpo seis meses más.

Cuando nuestras parejas dicen te quiero, te amo, te deseo, etc. a veces nos sale un ‘gracias’ más rápido que un ‘yo también’, pero no es por soberbia, es porque las emociones nos rebasan. Nos gusta estar calladas (a veces) sólo porque sí, porque así escuchamos nuestros pensamientos más revueltos. Y nos gusta decir ‘no me pasa nada’, ‘no estoy enfadada’ aunque a veces estemos hechas una furia, pero de qué sirve echarle más piedras al jarrito.

No voy a decir que somos lo mejor del mundo, ¡por supuesto que no! pero al menos yo, he aprendido a ser prudente, a escuchar, a saber cuándo sobro y cuándo debo callarme. Sí, muchos años de terapia han servido de mucho (jajaja) pero lo que más me ha servido son las llamadas a mi padre cuando estoy hundida en la tragedia y escucharlo decirme: A ver Leo, si no lo haces tú, nadie lo hará por ti. En lugar de estar revolcándote en tu mierda, reparte un poquito, levanta el culo y deja de estar esperando que alguien sienta pena por ti. Menudo golpazo en la cara, ¿no? Yo nomás llamaba para escuchar ‘pobrecita hijita mía’ ¡y termino regañada! Pffff, ¡qué señor! No me da tregua. He aquí otra circunstancia que las mujer emocionalmente frías reconocemos, no nos gusta el consuelo, preferimos los porrazos, nos gusta decir y que nos digan: mamacita, espabila que la vida es corta y ahí sentada te vas a volver uva pasa esperando que el mundo cambie.

Pues sí señor, es difícil ser superhéroe, menos mal que no soy uno. Ahora entiendo porque el hombre de acero tiene rayos en los lagrimales.

pd.: mis queridos corazón de pollo no se ofendan jijiji

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