Yo también fui la más bonita de mi familia.


escritoras mexicanas, libros de bolsillo

Yo también fui la más bonita de mi familia, hasta que un día sentados a la mesa mi padre con toda la ternura de un abuelo y el descaro de un padre de edad media, se giró y le dijo a mi sobrina ‘eres la niña más bonita que he visto en mi vida’. Se oyeron morir varias hadas al norte de nunca jamás, cayeron cubiertos sobre la mesa y varias bocas se quedaron abiertas, empezando por la mía que solo atinó a decir ‘Gracias pa’.

Mi padre sin saber qué decir miró a mi madre quien se encogió de hombros mientras mi hermano se reía a carcajadas de mi pequeño drama familiar.

Para ser honesta, es duro perder el trono en casa de tus padres, y eso pasa irremediablemente cuando llegan los nietos, esas criaturitas despiadadas que roban corazones a punta de babas, llantos y sonrisas.  Porque muchos sabrán qué llegar a casa y esperar en la cola de los saludos mientras pasan primero los nietos e incluso los perros es difícil.

La dinámica familiar se revoluciona instantáneamente cuando tu hermano (a) emerge de la sala de parto y dice con ojos llorosos <es una niña (o)> ¡Cuánta alegría en los corazones!

Poco a poco pasa el tiempo, los nenes crecen, se hacen niños grandes, pre-adolescentes, y los abuelos comienza a perder la memoria a corto plazo, se olvidan que el día anterior esos príncipes y  princesas les han hecho rabietas, dado patadas, escupido la comida y esas cosas feitas que a veces hacen los niños (incluso los que ya somos mayores).

Algunos días te quedas esperando al teléfono mientras tus padres te dicen <te llamamos en 5 minutos está despertando la nena> y te das cuenta que la nena ya no eres tú, aunque el apodo se te quede por el resto de tu vida, y que los 5 minutos a veces son 5 horas.

Es difícil comprender esa ola de sentimientos cuando un nuevo integrante llega a la familia, los celos a veces son traicioneros y te hacen pensar o decir cosas de las que luego te arrepientes enormemente, y con el paso del tiempo comprendes que todo vuelve a su sitio aunque todo sea muy diferente.

En mi caso, la sucesión de la corona fue despiadamente silenciosa, vivo a 10,000 kilómetros de distancia de mi familia y lo que un día dejé en un lugar, al siguiente año ocupa uno muy distinto; y no lo digo solo por las cosas materiales, las emociones, la forma de actuar, las rutinas, las costumbres, todo cambia de manera radical.

Las conversaciones en la mesa se basan en los días de cole, los juguetes de moda, la lactancia materna, y sin darte cuenta te encuentras metido en un mundo que desconocías. A veces tus amigos también comienzan a tener hijos y a veces sabes más del porteo que de móviles.

Yo tengo la gran fortuna de ser tía de un par de nenas y muchos enanos rebeldes que conquistaron mi corazón con sus babas, me han hecho mejor persona y me han ayudado a madurar.  He recordado el significado de hacer un fuerte en el salón de casa, ir a gatas con todos tu 35 años sin estar borracho y sin duda alguna comprender lo que es el apego.

Sin embargo, el destino un día me regresó la jugada cuando mi padre le preguntó a mi sobrina mayor ¿quién era su princesa? y ella respondió que tenía tres: la número uno su tía, la número dos ella y la número tres su hermana menor. A ella también le arrebataron la corona silenciosamente pero siempre ha sido bastante más sensata que yo.