Querida mía

Yo te doy a ti parte de mi vida, parte de la piel que habito, del tiempo que camino, de los sueños incumplidos y algunas promesas al vacío.

¿Y qué me das tú?

De momento, me has entregado atardeceres inolvidables, fantasmas perdidos, dolores que se han arraigado en casa e historias con personajes combinados.

A esta altura, podríamos hacer un trueque, un win-win.  Yo, pensando fríamente, podría entregarte 5, 10 ó algunos años más; claro está, si eres buena y te pediría a cambio mil estrellas, mil velas que al apagarse se hagan realidad.

¿Es un precio alto? ¿te parece?, a  mí no, te he dedicado algunos años ya de mí y miles de pensamientos, letras y sueños y así, pienso que no sería una mala oferta.

¿qué hago yo aquí, contigo? Good question, no lo sé, me dejé llevar por la primer postal que construí de ti, aquella que llamo al presente cuando el cielo es más negro de lo que yo querría.

Aquella, la primera vez que caminaba por el Arco del Triunfo y descubrí el otoño con sus hojas color bronce buscando un lugar, mi lugar. Sin saber que ya lo tenía a mí lado y después de mucho tiempo lo dejé partir.

Qué, ¿te interesa el intercambio? Podría subir la puja a unos cuantos pensamientos más, más paseos por la playa y más sonrisas en invierno.

Tengo duda de que aceptes y cumplas, tengo la impresión que un poco mentirosilla eres. Te pones en marcha y a veces por sorpresa das un paso atrás. Pero igualmente confiaré, no tengo muchas opciones. Y a ti te quedará creer en mí e intentar conquistarme cada día, con cada respiro, con cada sol y con cada anochecer.

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