Esta es mi historia

Me gusta su sonrisa es igual de intrépida que ella, dice mi madre, mi hermano se ríe a veces confunde su nombre con el mío recordando los viejos tiempos.

La historia de mi familia es larga se remonta a los tiempos de la Revolución Mexicana cuando un General del Ejército robó ante los ojos sorprendidos de todos a mi bisabuela, en ese momento tenía 12 años y aún no comprendía qué pasaba. Yo siempre he pensado que nunca lo supo se hizo mayor a los 13 años y se convirtió en una fábrica de críos, uno de ellos de tantos de ellos fue mi abuelo, coloquialmente llamado el Burro,un hombre noble, de pureza incomparable con miles de defectos y miles de virtudes. Su mejor regalo, mi madre, una joven bella, inocente y muy astuta. El miedo sólo la alcanzó cuando se hizo mayor cuando se hizo madre y cuando decidió siendo apenas una adolescente unir su vida con mi padre.

Mi padre, un hombre maravilloso, noble como el abuelo y tierno como él solo. Callado, reservado y sonriente; comprensivo y que le gusta escuchar. Su estirpe es desconocida. La bisa tenía apellidos vascos, de ahí sólo conservamos un gen español que nos persigue a algunos y que ha ocultado nuestra raíz  revolucionaria.

Mi abuelo, un hombre acogedor, bueno como el sol y que brillaba por sí sólo. Mi abuela una mujer testaruda de aquellas que no tienen edad, que cuando pasan los años aún te preguntas cuántos tendrá porque de vista  no lo sabemos.

Así comienza la historia, chico conoce a chica y se enamoran, esta historia hasta ahora ha tenido final feliz, mis padres son como los abetos que siembran de pequeños y van creciendo juntos hasta unir sus raíces bajo la tierra, por esa historia estoy yo aquí, después de mi hermano, un hombre que heredó la bondad y la templanza de los hombres de la casa.

La nega, me bautizó coloquialmente mi padre, porque a diferencia de mi hermano nací castaña y de ojos marrones que brillaban.  Desde ese día nací con inquietudes, nací intrépida y cuestionadora, retadora y rebelde; mi padre sabía que volaría alto que un día me iría de casa y estaría muy lejos de él. Y así es, hoy estoy a miles de kilómetros de ellos y aún así nos escuchamos a diario, nos aconsejamos y nos queremos aún más.

La distancia me ha enseñado que es algo abstracto, que donde hay raíces no la hay.

Hace mucho tiempo que nació esta historia, desde los bisabuelos revolucionarios hasta los padres rebeldes que abandonan el nido para crecer y buscar mejor vida hasta los hijos que nos hemos separado, que tenemos hijos y que vamos construyendo nuestras propias historias.

Me gusta su sonrisa es igual de intrépida que ella, repite mi madre, mi hermano se ríe, ya le han llamado del colegio para decirle que interrumpe a todos, que es una distracción y que es tan lista que no hace falta que ponga atención para responder y saber las cosas, y entonces mi madre ríe, te lo dije, es igual que ella.

A mí lo que me gusta de ella es su pelo brillante, rubio como el de su padre cuando era pequeño, sus ojos azules expresivos como los de su madre, de esos colores que sólo existen en el Caribe.

Me gusta cuando me llama por mi nombre, aunque nunca lo hace, me lo dice con sus ojos, con sus abrazos, con sus preguntas, con sus juegos y sus reglas, con sus historias encantadas de esas que sólo personas como ella y yo entendemos.

Esta es mi historia o por lo menos parte de ella, yo nací en primavera con prisas y casi sin esperar a mí médico, tenía una necesidad absoluta por conocer el mundo, por observarlo y aprender de él, cosa que hago cada día.

Cuando abrí los ojos por primera vez vi a mi madre, a mi padre y a mi hermano, supongo porque no lo recuerdo. Hacía poco tiempo que mis abuelos habían muerto y tanto a mi padre como a mi madre les llené un pequeño huequito en el corazón. Siempre me hubiera gustado conocerlos, dos hombres bravos, tiernos, buenos de aquellos que quedan pocos pero por alguna razón el destino se llevó a ambos por la misma razón a uno y dos meses antes de que yo llegará a este mundo caótico.

Siempre me han hablado de ellos y siempre los he admirado aunque no se parecen entre ellos y sus historias nacen de orígenes muy diferentes ambos eran de los mejores hombres de los que he oído hablar. A veces sueño con ellos, con su recuerdo, por supuesto amorfo porque no lo tengo, no tengo ninguna imagen mental que no sea su fotografía en blanco y negro pero los recuerdo y los pienso y de verdad a veces los sueño.

Mi abuela me heredó su nombre, ella decidió cambiarlo un poco para darme personalidad pero siempre he sabido que lo he heredado para terminar siendo como ella. De ella siempre supe poco, era callada, muy reservada y silenciosa. Nunca fue cariñosa conmigo ni mi hermano pero entre sus rezos sabía que me amaba y que no hacía más que pensar en nosotros.

Un 19 de septiembre de 1985 nos quedamos solos y recuerdo de ella la fuerza, la templanza y el autocontrol por mantenernos con vida, nuestro momento no fue realmente trágico pero fue como para todos un momento de caos y de mucho miedo; ella como siempre, tierna, templada, valiente y confiando en sus santos.

Esta es parte de mi historia, yo heredé de mis abuelos la templanza, el control en momentos de crisis. De mis abuelas la frialdad, el silencio, lo inexpresiva y lo valiente.

Mis padres se unieron hace muchos años cuando los matrimonios eran muy jóvenes y descubrían la vida juntos, la década de los 70. Mi hermano llegó al mundo en verano antes de tiempo, frágil, pequeño muy pequeño, necesitó miles de cuidados y ahora está aquí o ahí, fuerte, él también ha heredado de los abuelos la templanza y la nobleza, la sabiduría en el silencio.

Me gusta su sonrisa es igual de intrépida que ella, repite mi madre, mi hermano se ríe y me mira por una webcam y dice, sí se parece mucho a ti, cada mañana cuando amanece y me llama por mi nombre me recuerda a ti y me acercó esperando tu rostro y la encuentro a ella, diferente pero igual a ti. Como tú me sorprende cada día, cada día inventa algo, construye algo, descubre algo nuevo.  Su sonrisa me recuerda a ti.

Hace unos años partí de casa, partí enamorada y con millones de ilusiones en una maleta de 24 kilos, llegué a España persiguiendo un sueño en pareja, una mejor calidad de vida y un éxito profesional que nos habíamos prometido juntos. A él lo conocí un invierno, invierno del alma e invierno estacional.

Nos conocimos en un lugar de aquellos que es mejor olvidar el nombre, lo vi entre la gente, callado y temeroso, desde ahí supe que era tímido, que era noble pero que le asustaba un poco el mundo. Hemos estado juntos desde ese año, ahora ya han pasado diez.

Nos casamos llenos de ilusión hace cinco años, lejos de nuestro país, lejos de nuestra gente, seguimos construyendo sueños propios, nos marchamos de casa antes de lo previsto, el destino siempre tiene planes ocultos.

Cuando me marché perdí una parte de mi sonrisa, la dejé con ella con la que se parece a mí, era pequeña, nació un día de verano como su padre. Un día esperado por todos en circunstancia mas que equilibradas con riesgos controlados y esperando que fuese el mejor momento para ella. A pocos meses de su nacimiento partí con mis ilusiones y el corazón roto por dejarla tan pequeña.

Mi hermano me eligió como su consejera, como su mejor amiga y a pesar de la distancia lo soy, la cuido y la pienso cada día. Cada año que vuelvo a casa la veo tan diferente, tan hermosa, tan despierta. Es como yo, siempre hemos sabido que somos nuestro negativo y positivo. Ella heredó de todos los hombres de la casa la nobleza, es expresiva, coqueta, inquieta e inquietante. Es ella.

Me gusta la originalidad de los niños y me recuerda mi infancia, me recuerda a mí tomada del cuello por mi hermano como si marcara su territorio como si así le demostrara al mundo que él era mi protector, mi guía. Ahora somos mayores y no me toma más por el cuello pero le sigue demostrando al mundo que me protege y que me guía. Él siempre ha sido mi guía, mi confidente, mi cómplice y mi mejor amigo. Cuando ella llegó al mundo después de una larga espera me pensé que se acabaría esta historia que nuestros personajes cambiarían pero era mentira, a ella la cuida cada día, es un tesoro y es su mejor regalo en la vida pero yo sigo siendo su pequeña y me observa a la distancia y se consuela con pensar en lo que dice mi madre y también le gusta su sonrisa porque es como la mía.

Hace mucho tiempo decidí ser escritora y llevo muchos años trabajando en ello, soy una chica mexicana de 33 años que aún tiene sueños, que aún confunde la verdad con la ficción y que aún lo escribe todo en verso. Ésta es mi vida, cada día despierto esperando que ese día sea inspirador, que el café en la terraza del pueblo me abra los ojos y me permita inventar historias, personajes, aventuras, pues así es mi vida.

Comparto la vida con él, el pequeño noble, con tres perros de los cuales no se hace uno y con una maleta que sigue llena de esperanzas y de sueños.

Nonona

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