Me acusan de ser una yuccie

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Lo primero que hago cuando él me lo dice es morirme de risa y comenzar la búsqueda en internet. Hace unos minutos me compartió una noticia que decía algo semejante a: Muerte a los Hipsters, lo de hoy son los Yuccies. Y me pongo a leer y leer los varios artículos que encuentro en la red.

Soy fanática de las tribus urbanas, de la forma en que se autodenominan. Admiro primero que nada la forma en que luchan contra las etiquetas y el consumismo, y luego, la forma en que quedan flotando en su propia marea cuando se convierten en moda.

Y me quedo pensando, si ya fui ‘gótica’ ( a mí estilo claro), ya pasé por las camisas de leñador con jeans gigantes (en los 90), ya le entré al flower power  ¿Cómo no iba a experimentar siendo una hipster? Debo aceptar que los bolsitos de tela con mensajes divertidos (tote bags) son súper prácticos, no pesan nada, les cabe de todo y se lavan de volada.

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Ella, mi Noviembre, mi país congelado.

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Tu padre me contó que vienes de un país congelado donde las pequeñas personas viven en cápsulas enanas esperando su misión.

Ya desde pequeña sabías cuál era tú lugar y decidiste llegar en un momento revuelto, lleno de confusión. Pero tus ilusiones siempre han sido más grandes que todos nuestros pensamientos y has llegado aquí al mundo dónde los fríos no son como los tuyos y nuestros calores son más humanos.

Las enanas ideas han venido contigo llenando de luz el cielo tenebroso ahora vemos en tus ojos el mar y las tormentas en tus labios y has traído la señal en la frente de aquellos que te han elegido para nosotros.

En tu país congelado estabas tranquila pero nunca ausente esperando el momento perfecto para construir tus palacios y tus princesas.

Ahora que tus sueños ya no son tan etéreos me pregunto ¿qué pasará por tu pequeña sonrisa y cuándo será el momento que puedas contarnos tus deseos?

Te miro a lo lejos y pareces una figura de porcelana, cubierta con los tonos rosas de los arcoiris en la montaña, eres un sueño y desde antes de dejar tu pequeño país nosotros ya teníamos para ti un pequeño planeta inventado.

Nonona

Los 80’s , mis años maravillosos.

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Nací en la década de los 80, aquellos mis años maravillosos cuando los niños solíamos jugar en la calle reunidos en pandillas y nos perseguían los perros prófugos o exploradores.

Yo soy hermana menor y estuve “sometida” a las normas de mi hermano y su pequeño clan que no tenían muy bien vistas a las chicas, menos aún a las lloronas, lo cual me orilló a aprender a jugar fútbol desempeñándome como portera. Desde entonces mi hermano me habituó a recibir buenos golpes defendiendo la red y creciendo en un mundo de chicos.

Ahora ya soy bastante mayor como para pensar cómo serán educados mis hijos si algún día deciden encontrarme en su destino y analizar la forma en que la gente educa o maleduca a los suyos.

Hoy estaba pensando que los padres de esos tiempos eran mucho más relajados, “alivianados” como solemos decir en México, hacíamos las mismas cosas que los niños de la actualidad pero creo que sabíamos disfrutarlas, no vivíamos con el miedo en el cuerpo e intentábamos controlar nuestros impulsos y caprichos ante la mirada de nuestros padres, esos ojos que eran como una batiseñal que gritaba en silencio – Ojo que estás a punto de meter la pata hijito.-

Yo recuerdo haber tenido una infancia muy feliz, muy completa y muy tranquila. Mi padre nos llevaba al colegio mientras mi madre se iba al trabajo, por la tarde nos sentábamos todos a la mesa a comer juntos y mi padre regresaba a su oficina. Era entonces cuando comenzaban las aventuras, las clases de ballet, de jazz, de natación, las cascaritas (fútbol callejero) , el karate, el fútbol americano y una lista interminable de actividades extra escolares.

Nunca escuché a mis padres quejarse del tráfico, el estrés, el estatus, la crisis, el inglés, el francés, el internet, los ipods, los ipads, las tablets, las vídeo consolas. Ambos trabajaban y lo han hecho siempre, mi hogar siempre fue regido por la igualdad de género. Jamás me pusieron una mano encima pero tampoco me permitían cuestionar las formas en exceso. Sin embargo, siempre me enseñaron a expresar mi opinión haciéndome saber que mi voz era importante y que no había adulto que pudiera callar mi forma de pensar, claro desde la perspectiva del respeto y los límites.

Ahora que tengo contacto con mi generación ya adulta, no paro de escuchar miles de quejas y ni una sola solución e incluso me han dicho -por favor no tengas hijos- y me pregunto, será que los niños de ahora tienen velocidad real de descarga de 30 megas o que sus padres aún no encuentran el interruptor para apagarlos en medio de esas terribles pataletas. O quizá que los padres de ahora bajo la bandera de libertad han perdido el control del barco.

He visto a los niños a muchos de ellos, gritar, correr, golpear, mandar, retar, controlar, e infundir miedo a sus padres, sí, como lo digo, hay niños que le dan miedo a sus padres. Escucho posturas contra la violencia infantil, la libertad de pensamiento, el diálogo y la argumentación y hasta parece normal entrar a las librerías y encontrar libros de cómo educar a los hijos tiranos…  Ojo, no estoy a favor de la violencia con los niños pero sí creo en los límites, los buenos modales y la educación desde el núcleo familiar.

Mi padre siempre me dio todo en su debido momento, me enseñaron que la paciencia tiene recompensa y que las buenas notas en la escuela eran mi única obligación y que a cambio podría pedir y tener algo que realmente deseara.

Aprendí a desayunar, comer y cenar como la gente normal no conocí un restaurante de comida rápida hasta los 13 años, mi madre hasta la fecha hace las mejores hamburguesas del mundo y mi padre lo mejores bocadillos de queso.

En el colegio mi almuerzo eran salchichas, verduras, jamón, gelatinas y fruta. Mi gordura era consecuencia de unos espantosos genes no de mis malos hábitos alimenticios.

Pero a pesar de todo aún no me atrevo a decir que todas estas cosas no las haré con mis hijos pues como dice el dicho –Más pronto cae un hablador que un cojo– y yo por si acaso mejor me quedo callada.

Lo que sí me gustaría sería hornear y aderezar hijos felices, sanos, respetuoso y de buen carácter. Hijos nobles que ayuden a quien lo necesite pero sin ser tontos. Me gustaría pasear con ellos en el parque y salir a andar en bici o en patines como lo hicimos nosotros, pero ante todo me gustaría preparar a mis hijos para los tantos golpazos de la vida sabiendo valorar el dinero, la educación, el trabajo, los amigos sinceros y su familia.

Y me encantaría aprender a decir la palabra mágica que mi padre me enseñó –NO– acompañada de un – ya veremos después-  y prometer en silencio como él, que el “después” siempre llegaría como recompensa a ser buena y comprometida.

Nonona

También pueden leerme en Pastiche

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He comenzado una pequeña colaboración con Pastiche Creaciones, pasen a su blog y dejen sus comentarios!

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Loop 2013 by Eleonor Solano

Como la palma de mi mano.

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Me despierto entre tus brazos y un aroma a silencio sube por mi piel. La luz del día se cuela por la ventana, a pesar de que esta noche has cerrado las persianas una pequeña ráfaga de luz me toca el pie derecho.

Así comienzo a sentir poco a poco cada parte de mi cuerpo, cada dedo, cada célula, cada centímetro y llega un momento que me pierdo contigo y mi piel se confunde con la tuya mientras te miro con los ojos cerrados tratando de descubrir qué pasa por tus sueños.

Te conozco como la palma de mi mano, hace 8 años que estás conmigo, hace 8 años que te pienso y te siento y cada día desde aquel que te vi por primera vez te recuerdo. Y te recuerdo con esa sonrisa partida, con ese gesto de saberlo todo y de ser un experto, pero un día te descubrí y supe que no lo sabes todo y que aún te falta un poco para serlo.

Tú me mirabas con ojos brillantes, mi pelo negro que aún no caía en mis hombros te sorprendía, mi gesto andrógino, mis rasgos de mujer dura, mi actitud de ser una pieza especial.

Ese día era un mal día para los dos, era un día triste, lleno de melancolía y el destino quiso que juntáramos nuestras tristezas para conocernos, para sabernos y descubrirnos un día como hoy, un día de sol.

Hace días que sueño contigo a pesar de que siempre estás a mi lado, sueño contigo a mí lado y me repito en cada sueño que no quiero despertar porque no quiero perderte.

A veces tengo miedo del tiempo, del olvido, tengo miedo de ti, de tu ausencia, de tus cambios, de tus locuras, de tus conjeturas, de ti, o quizá de mí, la loca de la casa, la que corre y grita y sube y baja de ánimo, la que te mete en líos, la que te saca de ellos, tu compañera, tu confesora, tu profesora y tu conciencia. Miedo a veces de ti, de tenerme en tus manos, de escucharme como nadie lo hace y de pensar que algún día olvides aquello que te he dicho.

Te conozco como la palma de mi mano y aún me sorprendo cuando te miro dormir y descubro nuevas cosas, siempre me sorprendes, siempre me dejas callada con tus suspiros, cuando lloras me quedo quieta, te vuelvo a ver cuando tenías 5 años, como cuando miro tus fotos y me imagino cómo eras.

Siempre me enfado contigo y siempre te odio y te maldigo, pero siempre te amo y siempre me callas con besos, con risas, con bromas y burlas de mis defectos.

Siempre, siempre, siempre, esa es la palabra con la que quiero describirte, con la que quiero describirnos siempre, por siempre jamás, por más allá de todo, y más allá del bien y del mal.

Sueño contigo como si te conociera de toda la vida, y a veces cuando estoy despierta me parece ver tus recuerdos en cámara lenta, me encanta cuando sonríes, me parto cuando entristeces, me enfado cuando te enfadas.

Contigo nunca he conocido el desprecio, eres noble, eres bueno, eres tierno, eres suspicaz, eres gracioso y me enamoro de ti cuando estás contento.

Te conozco como la palma de mis manos, pero siempre me han dicho que las líneas cambian de rumbo, mi línea de vida cambió cuando me encontré contigo, soy diferente, soy especial porque así tú lo has querido.

Te miro cada mañana entre sueños cuando te marchas, cuando me besas la frente y me dices te amo, bueno, eso dices porque yo dormito. Y cuando escucho el cerrojo ya te echo de menos.

Cada mañana cuando suena el teléfono y escucho tu voz, me imagino tu rostro pensando qué decirme, siempre me mientes, siempre inventas mentiras piadosas para que no me enfade por tus tardanzas, por tus descuidos, por tus locuras, por tus olvidos.

Me encanta cuando salgo a la calle y me topo contigo, ya sé que te encontraré pero me gusta sorprenderme de cómo vas vestido, cómo te mueve el pelo el viento, cómo llevas el nudo de la corbata. Siempre me pregunto que llevarás en los bolsillos, y como siempre contigo me llevo sorpresas, siempre tienes algo bueno, algo dulce, algo para mí.

Han pasado tantos años de esos que no se cuentan, que no se aprecian hasta que encuentras las fotos de nuestro primer aniversario, de nuestro primer beso, de nuestro primer viaje, de nuestro primer crucero. Como cuando vienen los recuerdos de la primera noche que dormimos abrazados, cuando no sabíamos qué hacer con nuestras manos, cuando nos incomodábamos, cuando queríamos tirarnos del otro lado de la cama y al final, después de una larga noche lo habíamos logrado.

Me acuerdo de ti cuando eras más joven, cuando eras menos inocente y más temeroso, me acuerdo del día que me diste tu corazón y yo lo puse en mi bolsillo, aún lo llevo junto a mí, para que no se me pierda nunca. Tú crees que tu corazón es mío, yo sólo pienso que lo guardo un poco, mientras pasa el tiempo y te haces mayor para saber que podemos compartirlo.

Te doy la mano cuando nos encontramos por la calle y me miras y te miro y no hace falta decir nada, a veces caminando se pierden las manos, y se encuentran entre el viento. Y a veces me haces daño porque oprimes mi dedo y siento que no me dejarás marchar nunca. Y siempre me quejo pero siempre pienso que es hermoso saber que te gusta sentir mis dedos, porque a través de ellos surge el cariño que nos tenemos.

Me gusta andar por la calle contigo, contemplarlo todo, inventar recuerdos, crear historias, incluso guardar silencio, porque contigo todo transcurre aún en el absoluto silencio.

A veces te miro y miro tu boca, tus ojos, tu nariz, y me gustaría guardarte en pedacitos, me gustaría que nunca se borrara de mi mente tu imagen. Que cuando estemos lejos el uno del otro pueda cerrar los ojos y describirte detalle a detalle, pero tengo memoria de pez, y siempre olvido algo. Aunque sería más fácil para mí describir tu alma que tu rostro.

Te conozco de toda la vida, porque para mí estos años son nuestra vida, hemos construido sueños juntos, a veces hemos vivido pesadillas pero siempre, siempre ha salido el sol y el miedo a la oscuridad termina por marcharse.

Me gusta cuando callas y haces cosas, porque tu entrecejo cuenta miles de historias y tus labios dicen cosas sin voz. Cuando te concentras eres otro, eres el perfeccionista, el descubridor, el conquistador de tierras lejanas y me agrada verte descubriendo cosas y maravillándote con otras.

Cuando me despido de ti con un abrazo eterno, tengo miedo, tengo miedo de olvidar nuestros rostros, de olvidar nuestros nombres, de perdernos en el tiempo. Me da miedo el viento porque siempre se lleva entre sus brazos los recuerdos, me da miedo la soledad porque aunque la comparto contigo quiero llevarte para siempre conmigo.

Ya se hace tarde en el día y el sol ha comenzado a tocar tu frente, pronto abrirás los ojos y pronto me verás con esa sorpresa de siempre y me dirás lo que te he dicho por la noche mientras dormía y nos reiremos como cada día de nuestras historias, lo que me gusta de nosotros es que estamos inventando nuevas aventuras, y para mí cada día que abro los ojos y te miro a mi lado a veces consciente y a veces no tanto, me pregunto qué quería el destino cuando te puso a mí lado.

Y cuando miro nuestras fotos y descubro nuestras miradas, nuestros secretos siento que nos conocemos de toda la vida, te conozco como la palma de mi mano pero siempre me ha parecido un lienzo en blanco y que tú has llegado a colorearlo.