Bridezilla o el síndrome de la novia psicópata

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Todas irremediablemente arrancamos la cuenta atrás, días antes o días después. Todas caemos en el estrés previo al gran día, el gran suceso, ese que muchas esperamos desde que tenemos nuestra primera Barbie vestida de blanco con su tiara de plástico enjoyada mirándonos sin piedad desde la estantería.

El ‘sí quiero’ es el inicio de una de las peores etapas de nuestras vidas, no lo digo por aquello de vivir con la misma persona el resto de la vida, ¡no! me refiero a los preparativos de la boda.

Yo siempre había escuchado eso de que las novias pierden la cordura meses antes de la boda, las peleas constantes con los prometidos, los desplantes a las madres, los odios a las familias políticas y muchas cosas más, y yo pensaba desde mi casa a 10,000 km de distancia del lugar de los hecho, ¡ESO no me va a pasar a mí! Sigue leyendo

La Flaca | Día de muertos

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La flaca, término coloquial para hacer referencia a la muerte en la cultura mexicana.

La Flaca

 

Hace años te miro fijamente a los ojos con ese rechazo de aquel que no deseaba invitarte a su fiesta.

Llegaste un día intentando cobrarme las batallas pendientes, pero encontré fuerza en el cuerpo y me resistí a perder.

Ya te venías anunciando hace tiempo Flaca desgraciada, mermándome la paciencia y el espíritu, y heme aquí, años después sorprendiéndote yo a ti.

Últimamente ya no te levantas de la mesa y te escucho por la noche desvelando mi sueño. Ya podrías apagar la luz,  ¡condenada! para que en la oscuridad no tengamos oportunidad de traicionarnos.

Estos días he estado pensando mucho en mí sin ti, y ya me gustaría invitarte un café pa’ discutir lo que pasará el día que te afinques aquí.

Solo te digo una cosa, el día que nos vayamos juntas de paseo,  ¡por favor, no me tengas miedo!

 

Nonona

Querida mía

Yo te doy a ti parte de mi vida, parte de la piel que habito, del tiempo que camino, de los sueños incumplidos y algunas promesas al vacío.

¿Y qué me das tú?

De momento, me has entregado atardeceres inolvidables, fantasmas perdidos, dolores que se han arraigado en casa e historias con personajes combinados.

A esta altura, podríamos hacer un trueque, un win-win. Yo, pensando fríamente, podría entregarte 5, 10 ó algunos años más; claro está, si eres buena y te pediría a cambio mil estrellas, mil velas que al apagarse se hagan realidad.

¿Es un precio alto? ¿te parece?, a mí no, te he dedicado algunos años ya de mí y miles de pensamientos, letras y sueños y así, pienso que no sería una mala oferta.

¿qué hago yo aquí, contigo? Good question, no lo sé, me dejé llevar por la primer postal que construí de ti, aquella que llamo al presente cuando el cielo es más negro de lo que yo querría.

Aquella, la primera vez que caminaba por el Arco del Triunfo y descubrí el otoño con sus hojas color bronce buscando un lugar, mi lugar. Sin saber que ya lo tenía a mí lado y después de mucho tiempo lo dejé partir.

Qué, ¿te interesa el intercambio? Podría subir la puja a unos cuantos pensamientos más, más paseos por la playa y más sonrisas en invierno.

Tengo duda de que aceptes y cumplas, tengo la impresión que un poco mentirosilla eres. Te pones en marcha y a veces por sorpresa das un paso atrás. Pero igualmente confiaré, no tengo muchas opciones. Y a ti te quedará creer en mí e intentar conquistarme cada día, con cada respiro, con cada sol y con cada anochecer.

Ella, mi Noviembre, mi país congelado.

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Tu padre me contó que vienes de un país congelado donde las pequeñas personas viven en cápsulas enanas esperando su misión.

Ya desde pequeña sabías cuál era tú lugar y decidiste llegar en un momento revuelto, lleno de confusión. Pero tus ilusiones siempre han sido más grandes que todos nuestros pensamientos y has llegado aquí al mundo dónde los fríos no son como los tuyos y nuestros calores son más humanos.

Las enanas ideas han venido contigo llenando de luz el cielo tenebroso ahora vemos en tus ojos el mar y las tormentas en tus labios y has traído la señal en la frente de aquellos que te han elegido para nosotros.

En tu país congelado estabas tranquila pero nunca ausente esperando el momento perfecto para construir tus palacios y tus princesas.

Ahora que tus sueños ya no son tan etéreos me pregunto ¿qué pasará por tu pequeña sonrisa y cuándo será el momento que puedas contarnos tus deseos?

Te miro a lo lejos y pareces una figura de porcelana, cubierta con los tonos rosas de los arcoiris en la montaña, eres un sueño y desde antes de dejar tu pequeño país nosotros ya teníamos para ti un pequeño planeta inventado.

Nonona

Los 80’s , mis años maravillosos.

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Nací en la década de los 80, aquellos mis años maravillosos cuando los niños solíamos jugar en la calle reunidos en pandillas y nos perseguían los perros prófugos o exploradores.

Yo soy hermana menor y estuve “sometida” a las normas de mi hermano y su pequeño clan que no tenían muy bien vistas a las chicas, menos aún a las lloronas, lo cual me orilló a aprender a jugar fútbol desempeñándome como portera. Desde entonces mi hermano me habituó a recibir buenos golpes defendiendo la red y creciendo en un mundo de chicos.

Ahora ya soy bastante mayor como para pensar cómo serán educados mis hijos si algún día deciden encontrarme en su destino y analizar la forma en que la gente educa o maleduca a los suyos.

Hoy estaba pensando que los padres de esos tiempos eran mucho más relajados, “alivianados” como solemos decir en México, hacíamos las mismas cosas que los niños de la actualidad pero creo que sabíamos disfrutarlas, no vivíamos con el miedo en el cuerpo e intentábamos controlar nuestros impulsos y caprichos ante la mirada de nuestros padres, esos ojos que eran como una batiseñal que gritaba en silencio – Ojo que estás a punto de meter la pata hijito.-

Yo recuerdo haber tenido una infancia muy feliz, muy completa y muy tranquila. Mi padre nos llevaba al colegio mientras mi madre se iba al trabajo, por la tarde nos sentábamos todos a la mesa a comer juntos y mi padre regresaba a su oficina. Era entonces cuando comenzaban las aventuras, las clases de ballet, de jazz, de natación, las cascaritas (fútbol callejero) , el karate, el fútbol americano y una lista interminable de actividades extra escolares.

Nunca escuché a mis padres quejarse del tráfico, el estrés, el estatus, la crisis, el inglés, el francés, el internet, los ipods, los ipads, las tablets, las vídeo consolas. Ambos trabajaban y lo han hecho siempre, mi hogar siempre fue regido por la igualdad de género. Jamás me pusieron una mano encima pero tampoco me permitían cuestionar las formas en exceso. Sin embargo, siempre me enseñaron a expresar mi opinión haciéndome saber que mi voz era importante y que no había adulto que pudiera callar mi forma de pensar, claro desde la perspectiva del respeto y los límites.

Ahora que tengo contacto con mi generación ya adulta, no paro de escuchar miles de quejas y ni una sola solución e incluso me han dicho -por favor no tengas hijos- y me pregunto, será que los niños de ahora tienen velocidad real de descarga de 30 megas o que sus padres aún no encuentran el interruptor para apagarlos en medio de esas terribles pataletas. O quizá que los padres de ahora bajo la bandera de libertad han perdido el control del barco.

He visto a los niños a muchos de ellos, gritar, correr, golpear, mandar, retar, controlar, e infundir miedo a sus padres, sí, como lo digo, hay niños que le dan miedo a sus padres. Escucho posturas contra la violencia infantil, la libertad de pensamiento, el diálogo y la argumentación y hasta parece normal entrar a las librerías y encontrar libros de cómo educar a los hijos tiranos…  Ojo, no estoy a favor de la violencia con los niños pero sí creo en los límites, los buenos modales y la educación desde el núcleo familiar.

Mi padre siempre me dio todo en su debido momento, me enseñaron que la paciencia tiene recompensa y que las buenas notas en la escuela eran mi única obligación y que a cambio podría pedir y tener algo que realmente deseara.

Aprendí a desayunar, comer y cenar como la gente normal no conocí un restaurante de comida rápida hasta los 13 años, mi madre hasta la fecha hace las mejores hamburguesas del mundo y mi padre lo mejores bocadillos de queso.

En el colegio mi almuerzo eran salchichas, verduras, jamón, gelatinas y fruta. Mi gordura era consecuencia de unos espantosos genes no de mis malos hábitos alimenticios.

Pero a pesar de todo aún no me atrevo a decir que todas estas cosas no las haré con mis hijos pues como dice el dicho –Más pronto cae un hablador que un cojo– y yo por si acaso mejor me quedo callada.

Lo que sí me gustaría sería hornear y aderezar hijos felices, sanos, respetuoso y de buen carácter. Hijos nobles que ayuden a quien lo necesite pero sin ser tontos. Me gustaría pasear con ellos en el parque y salir a andar en bici o en patines como lo hicimos nosotros, pero ante todo me gustaría preparar a mis hijos para los tantos golpazos de la vida sabiendo valorar el dinero, la educación, el trabajo, los amigos sinceros y su familia.

Y me encantaría aprender a decir la palabra mágica que mi padre me enseñó –NO– acompañada de un – ya veremos después-  y prometer en silencio como él, que el “después” siempre llegaría como recompensa a ser buena y comprometida.

Nonona