Como la palma de mi mano.

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Me despierto entre tus brazos y un aroma a silencio sube por mi piel. La luz del día se cuela por la ventana, a pesar de que esta noche has cerrado las persianas una pequeña ráfaga de luz me toca el pie derecho.

Así comienzo a sentir poco a poco cada parte de mi cuerpo, cada dedo, cada célula, cada centímetro y llega un momento que me pierdo contigo y mi piel se confunde con la tuya mientras te miro con los ojos cerrados tratando de descubrir qué pasa por tus sueños.

Te conozco como la palma de mi mano, hace 8 años que estás conmigo, hace 8 años que te pienso y te siento y cada día desde aquel que te vi por primera vez te recuerdo. Y te recuerdo con esa sonrisa partida, con ese gesto de saberlo todo y de ser un experto, pero un día te descubrí y supe que no lo sabes todo y que aún te falta un poco para serlo.

Tú me mirabas con ojos brillantes, mi pelo negro que aún no caía en mis hombros te sorprendía, mi gesto andrógino, mis rasgos de mujer dura, mi actitud de ser una pieza especial.

Ese día era un mal día para los dos, era un día triste, lleno de melancolía y el destino quiso que juntáramos nuestras tristezas para conocernos, para sabernos y descubrirnos un día como hoy, un día de sol.

Hace días que sueño contigo a pesar de que siempre estás a mi lado, sueño contigo a mí lado y me repito en cada sueño que no quiero despertar porque no quiero perderte.

A veces tengo miedo del tiempo, del olvido, tengo miedo de ti, de tu ausencia, de tus cambios, de tus locuras, de tus conjeturas, de ti, o quizá de mí, la loca de la casa, la que corre y grita y sube y baja de ánimo, la que te mete en líos, la que te saca de ellos, tu compañera, tu confesora, tu profesora y tu conciencia. Miedo a veces de ti, de tenerme en tus manos, de escucharme como nadie lo hace y de pensar que algún día olvides aquello que te he dicho.

Te conozco como la palma de mi mano y aún me sorprendo cuando te miro dormir y descubro nuevas cosas, siempre me sorprendes, siempre me dejas callada con tus suspiros, cuando lloras me quedo quieta, te vuelvo a ver cuando tenías 5 años, como cuando miro tus fotos y me imagino cómo eras.

Siempre me enfado contigo y siempre te odio y te maldigo, pero siempre te amo y siempre me callas con besos, con risas, con bromas y burlas de mis defectos.

Siempre, siempre, siempre, esa es la palabra con la que quiero describirte, con la que quiero describirnos siempre, por siempre jamás, por más allá de todo, y más allá del bien y del mal.

Sueño contigo como si te conociera de toda la vida, y a veces cuando estoy despierta me parece ver tus recuerdos en cámara lenta, me encanta cuando sonríes, me parto cuando entristeces, me enfado cuando te enfadas.

Contigo nunca he conocido el desprecio, eres noble, eres bueno, eres tierno, eres suspicaz, eres gracioso y me enamoro de ti cuando estás contento.

Te conozco como la palma de mis manos, pero siempre me han dicho que las líneas cambian de rumbo, mi línea de vida cambió cuando me encontré contigo, soy diferente, soy especial porque así tú lo has querido.

Te miro cada mañana entre sueños cuando te marchas, cuando me besas la frente y me dices te amo, bueno, eso dices porque yo dormito. Y cuando escucho el cerrojo ya te echo de menos.

Cada mañana cuando suena el teléfono y escucho tu voz, me imagino tu rostro pensando qué decirme, siempre me mientes, siempre inventas mentiras piadosas para que no me enfade por tus tardanzas, por tus descuidos, por tus locuras, por tus olvidos.

Me encanta cuando salgo a la calle y me topo contigo, ya sé que te encontraré pero me gusta sorprenderme de cómo vas vestido, cómo te mueve el pelo el viento, cómo llevas el nudo de la corbata. Siempre me pregunto que llevarás en los bolsillos, y como siempre contigo me llevo sorpresas, siempre tienes algo bueno, algo dulce, algo para mí.

Han pasado tantos años de esos que no se cuentan, que no se aprecian hasta que encuentras las fotos de nuestro primer aniversario, de nuestro primer beso, de nuestro primer viaje, de nuestro primer crucero. Como cuando vienen los recuerdos de la primera noche que dormimos abrazados, cuando no sabíamos qué hacer con nuestras manos, cuando nos incomodábamos, cuando queríamos tirarnos del otro lado de la cama y al final, después de una larga noche lo habíamos logrado.

Me acuerdo de ti cuando eras más joven, cuando eras menos inocente y más temeroso, me acuerdo del día que me diste tu corazón y yo lo puse en mi bolsillo, aún lo llevo junto a mí, para que no se me pierda nunca. Tú crees que tu corazón es mío, yo sólo pienso que lo guardo un poco, mientras pasa el tiempo y te haces mayor para saber que podemos compartirlo.

Te doy la mano cuando nos encontramos por la calle y me miras y te miro y no hace falta decir nada, a veces caminando se pierden las manos, y se encuentran entre el viento. Y a veces me haces daño porque oprimes mi dedo y siento que no me dejarás marchar nunca. Y siempre me quejo pero siempre pienso que es hermoso saber que te gusta sentir mis dedos, porque a través de ellos surge el cariño que nos tenemos.

Me gusta andar por la calle contigo, contemplarlo todo, inventar recuerdos, crear historias, incluso guardar silencio, porque contigo todo transcurre aún en el absoluto silencio.

A veces te miro y miro tu boca, tus ojos, tu nariz, y me gustaría guardarte en pedacitos, me gustaría que nunca se borrara de mi mente tu imagen. Que cuando estemos lejos el uno del otro pueda cerrar los ojos y describirte detalle a detalle, pero tengo memoria de pez, y siempre olvido algo. Aunque sería más fácil para mí describir tu alma que tu rostro.

Te conozco de toda la vida, porque para mí estos años son nuestra vida, hemos construido sueños juntos, a veces hemos vivido pesadillas pero siempre, siempre ha salido el sol y el miedo a la oscuridad termina por marcharse.

Me gusta cuando callas y haces cosas, porque tu entrecejo cuenta miles de historias y tus labios dicen cosas sin voz. Cuando te concentras eres otro, eres el perfeccionista, el descubridor, el conquistador de tierras lejanas y me agrada verte descubriendo cosas y maravillándote con otras.

Cuando me despido de ti con un abrazo eterno, tengo miedo, tengo miedo de olvidar nuestros rostros, de olvidar nuestros nombres, de perdernos en el tiempo. Me da miedo el viento porque siempre se lleva entre sus brazos los recuerdos, me da miedo la soledad porque aunque la comparto contigo quiero llevarte para siempre conmigo.

Ya se hace tarde en el día y el sol ha comenzado a tocar tu frente, pronto abrirás los ojos y pronto me verás con esa sorpresa de siempre y me dirás lo que te he dicho por la noche mientras dormía y nos reiremos como cada día de nuestras historias, lo que me gusta de nosotros es que estamos inventando nuevas aventuras, y para mí cada día que abro los ojos y te miro a mi lado a veces consciente y a veces no tanto, me pregunto qué quería el destino cuando te puso a mí lado.

Y cuando miro nuestras fotos y descubro nuestras miradas, nuestros secretos siento que nos conocemos de toda la vida, te conozco como la palma de mi mano pero siempre me ha parecido un lienzo en blanco y que tú has llegado a colorearlo.

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